El complejo universo sonoro de Fatih Akin | Musicom

El complejo universo sonoro de Fatih Akin

septiembre 25, 2012 1 Comentario »

A continuación, reproduzco el artículo que escribí sobre la música en las películas del director de cine germano-turco Fatih Akin, titulado ‘El complejo universo sonoro de Fatih Akin’, publicado en la monografía colectiva ‘Fatih Akin. El hogar errante’, de Violeta Kovacsics, editado por el Festival Internacional de Cine de Gijón (2009).

La música constituye el alma y el ritmo de toda la filmografía de Fatih
Akin. Uno de los grandes atractivos de las películas del realizador
germano–turco reside, precisamente, en su forma de esculpir unas
bandas sonoras magnéticas, eficaces y de una enorme pegada, que se
funden con los argumentos de forma soberbia. El sonido se convierte
en el mejor termómetro de los sentimientos y estados de ánimo de sus
personajes. Akin pertenece a ese club de directores melómanos, léase
Jim Jarmusch, Michael Winterbottom o Quentin Tarantino, que crecieron mamando la cultura rock y que hacen gala de un vasto conocimiento musical y un gusto exquisito. De hecho, una de sus múltiples
facetas es la de disc–jockey, con el nombre de DJ Superdjango, que le
ha llevado a pinchar en numerosos clubes y festivales. En el caso de
Akin, hay que reseñar otros dos factores que aportan mayor versatilidad y cromatismo a su universo sonoro. Por un lado, como todo
alemán abierto de mente, al realizador le interesan también las nuevas corrientes musicales de vanguardia —todavía un tanto marginales
en el cine de muchos de sus coetáneos, pero que él conoce de forma
acreditada—. A ello contribuye, sin ninguna duda, haber nacido en
Hamburgo, que, junto a la capital, Berlín, es probablemente la ciudad
más vitalista y cosmopolita de Alemania y uno de los epicentros de
la arrolladora música electrónica germana: seguro que Akin vivió en
primera persona este tsunami musical de los noventa.
En esta urbe portuaria donde triunfaron unos Beatles imberbes, se
encuentra uno de los barrios más populares y canallas de Europa, San
Pauli, con la avenida Reeperbahn, la milla pecadora donde prostitutas en ropa de esquí captan clientes en la esquina de las comisarías.
Un santuario de clubes y peep–shows. Música y sexo, dos elementos
siempre presentes en el cine de Akin. No obstante, en la trayectoria
del cineasta, juega un papel capital su amado barrio de Altona, un
microcosmos de la periferia, dinámico y multiétnico, donde se respira cultura entre el intenso aroma a kebab y especias orientales. En el
barrio liberal donde dicen que se tramó el 11–S, se localizan varios
escenarios o discurre alguna de sus películas seminales.
El otro elemento de singularidad, que le viene de sus orígenes turcos,
es que las bandas sonoras son un festín de músicas de Oriente, que
reflejan el eterno cruce de culturas que tanto explora en los argumentos, pero con conclusiones bastante más optimistas. Tal parece
que Akin trata de proponer al espectador ese cóctel musical, de estilos y geografías, como una posible receta para romper las barreras
entre dos mundos dispares. Este pacifista confeso sabe muy bien que
los placeres de la música no entienden de fronteras y le encanta mostrar esa fusión. El resultado es una colección de soundtracks donde
la música tradicional turca o italiana convive con la electrónica de
baile, donde afterpunk y tecno(pop), hip hop o krautrock se pasean
por sus películas junto al reggae, el dub, el soul o la música latina.
Le encanta llevar el mestizaje hasta los extremos; a veces, hasta se
queda a cinco minutos de lo freaky, como con el tema de la popular
cantante turca Sertab Erener interpretando el «Music» de Madonna
en Cruzando el puente. Los sonidos de Estambul (Crossing the Bridge: The
Sound of Istanbul, 2005). Eso sí, los sonidos más tradicionales parecen estar reservados para los momentos más dramáticos e introspectivos, mientras que los estilos occidentales quedan para las escenas
más terrenales o hedonistas.
Akin es un maestro a la hora de manejar el ritmo de las películas
a través de los sonidos, sin que en ningún momento se aprecien las
costuras. Con un solo tema, es capaz de amplificar una tragedia o
de meternos de lleno en la mente de esos personajes tan verosímiles
que construye. Curiosamente, en el filme más musical de todos, el
documental mencionado antes, es donde, por momentos, decae un
poco ese dominio del ritmo que preside todo su cine.
A los personajes de sus películas les encanta hablar de música. Y algunas de las frases juegan un papel primordial en la película. Como
el psiquiatra que le recuerda la letra de una canción a Cahib, el
protagonista de Contra la pared (Gegen die Wand, 2004), cuando le
dice: «Si no puedes cambiar el mundo, cambia tu mundo». O la
pareja protagonista en éxtasis gritando aquello de que «el punk no
ha muerto», junto al póster de la banda post–punk Souxsie and the
Banshees. «¿Qué música escuchas?», pregunta el protagonista de Im
Juli (2000) a la chica. «Elvis», le responde ella sin dudarlo. La primera frase del documental sobre los sonidos de Estambul es la de
Alexander Hacke parafraseando al sabio Confucio con una de sus
máximas: «Si se quiere llegar a conocer una civilización, la mejor
manera de hacerlo es escuchando su música» En otras ocasiones,
participamos de raves caseras y desenfrenadas, vemos la portada de
un disco de John Coltrane o escuchamos orquestas en verbenas retro. Una juke–box escupe jazz sensual o nos fumamos el reggae procedente de una furgoneta rastafari.
Su primera película, ambientada en Altona, Corto y con filo (Kurz und
schmerzlos, 1998), tal vez no sea la más destacada desde el punto de
vista musical, pero ya nos desvela varias claves de su mundo y nos
regala algunos de sus hallazgos. La banda sonora se sumerge en la
escena hip hop hamburguesa con nombres como Eins Zwo, Dynamite Deluxe o Doppelkopf, la electrónica de DJ Coolman & Bubblez
o los escoceses Skunk Funk, aunque también está presente la música
tradicional para configurar un excelente cóctel de aperitivo.
Con Im Juli, su segundo largometraje, comienza el espectáculo. Esta
espléndida road movie a través de Alemania, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Turquía nos muestra la música tradicional de aquellos parajes, con una banda sonora original del compositor Ulrich Kodjo
Wendt, sazonada con grupos con mucho pedigrí como Scritti Politti, Leftfield o Cowboy Junkies revisando el clásico «Blue Moon».
Aparece también por primera vez la cantante turca Fatma Sezen
Yildirim, más conocida como Sezen Aksu, y resultan memorables los
ritmos latinos de Polvorosa (con la magistral «El amor se demora»)
o los tejanos Niños con bombas («Ramona»). Hay también ska, reggae, electrónica downtempo, cabaret o breakbeat, y la música se va
intercalando en el filme con la precisión de un reloj suizo.
En Solino, Akin echa raíces en la Italia profunda y recurre al compositor Jánnos Eolou para la banda sonora. Música melancólica e
intimista, donde podemos escuchar desde piezas operísticas hasta
una preciosa versión en italiano de «The House of Rising Sun», que
popularizaron Eric Burdon y The Animals. Ahora bien, los hermanos protagonistas se ponen ciegos al ritmo cósmico de los padres del
krautrock, los germanos Can.
Y llegamos a la cima de su filmografía, que lo es también de su mú-
sica: la laureada Contra la pared, esa historia de amor y muerte con
el diablo rondando, como él mismo la definió, donde se confirman
plenamente todas las expectativas sobre el talento y la elegancia de
Akin. La voz de la turca Selim Sesler aparece con su orquesta a lo
largo de todo el filme cantando a orillas del Bósforo, en una imagen
de estampa. E irrumpe, sobre todo, en los momentos más desgarradores, ejerciendo como una especie de monólogo interior o voz de la
conciencia de los desdichados protagonistas. Suenan grupos (after)
punk de primera división como Sisters of Mercy o The Birthday
Party, de Nick Cave, y se reserva a Depeche Mode («I Feel You»)
para el descenso a los infiernos del personaje de Cahit. Hay temas
reggae como los de Wendy Rene o Sam Ragga Band; el hip hop
turco de Sultana, un remix de Shantel o un tema vigoroso de Alexander Hacke. Con estos dos últimos artistas volverá a trabajar más a
fondo en sus dos siguientes películas. Los momentos más desgarradores quedan reservados para Agir Roman o la antes mencionada
Sezen Aksu. De nuevo, música y argumento caminan de la mano
con maestría y sutileza. El broche con «Life’s Is What You Make It»,
de Zinoba, en un final tan desgarrador como realista, es de los que
quedan grabados para siempre en la memoria.
Cuentan que durante el rodaje de Contra la pared surgió la idea, por
parte de Alexander Hacke y Akin, de filmar un documental sobre
la movida musical de Estambul en todas sus escenas y manifestaciones. Hacke, fundador del reputado grupo alemán de vanguardia  Einstürzende Neubauten, narra en primera persona su contacto
con los músicos autóctonos y llega incluso a sustituir al bajista de la
banda psicodélica Baba Zula. El documental refleja esa ciudad de
contrastes —puente de 72 culturas, según se nos advierte al principio— e incluso nos revela algunas claves de la composición turca. Son, esencialmente, artistas que sienten un enorme respeto por
una tradición muy arraigada desde tiempos inmemoriales, pero que
apuestan también por el mestizaje con los sonidos más contemporáneos. Un ejemplo palpable es el de Mercan Dede, quien le afeita
las barbas a la música popular sufí. La oferta de la película es inabarcable: desde el punk de Duma al hip hop de Ceza o a la joya
del downtempo de Orient Expression. Aparece el cantante folk Nur
Ceylan, una suerte de Dylan turco, y los sonidos más jondos suenan
con Aynur Dogan u Orhan Gencebay entre otros. Un elenco de
artistas para saborear con fruición y mucha calma.
Para el siguiente largometraje, Al otro lado (Auf der anderen Seite,
2007), Akin da otra vuelta de tuerca y recluta a su compatriota Stefan Hantel, alias Shantel. Hijo también de emigrantes, pero de origen bucovino, el compositor saltó a la fama por apadrinar el sonido
gitano balcánico. Ambos coinciden en su pasión por la fusión y el
mestizaje. La contribución de Shantel es espléndida, porque sabe
captar muy bien el espíritu de esta película conmovedora. También
incluye como complemento abundante música tradicional turca
(Kasap Havasi), al espléndido cantante folk Ben Seni (con versión
dub incluida), estilo que se repite con Bucovina Dub, y una revisión
de Johann Sebastian Bach al banjo de John Bullard, entre otras curiosidades.
En su última película, Soul Kitchen (2009), Akin cambia de registro y
se estrena con una comedia. Para la música, se inclina, sin embargo,
por el romanticismo del soul, en un nuevo homenaje a su ciudad
natal, donde la música negra predomina ahora en los clubes de la
noche hamburguesa. Se puede disfrutar de música instrumental de
los años setenta o de temas de grandes artistas como Kool and the
Gang, Quincy Jones o Louis Armstrong. Una tonadilla popular, «La
paloma», cumple aquí la misma función que Selim Sesler en Contra la pared. Ha contado Akin que la mayoría de las canciones de la
banda sonora fueron preseleccionadas antes de comenzar a rodar,
aunque algunas se tuvieron que desestimar por problemas con los
derechos de autor.
Fatih Akin es, en definitiva, uno de los realizadores más impactantes
del cine europeo actual y una auténtica caja de sorpresas a la hora de
confeccionar las bandas sonoras de sus filmes. Un artista para el disfrute permanente y un constante descubridor de músicos y sonidos.

Te puede interesar:

  1. Jan Delay- ‘Klar’
  2. El italiano Marco Carola ofrecerá un set de seis horas en Gijón

El complejo universo sonoro de Fatih Akin

1 Comentario

  1. Norman 17/06/2013 at 21:36 - Reply

    Buen artículo, las películas de Akin son obras de arte


Publicar un comentario